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es una novela sobre la pobreza de recursos pornográficos en tiempos de guerra, te lo juro, me desesperaba leer a esos dos viejos ansiosos de ver una escena de porno teen, sin lograr muy bien comunicar tales deseos, dando la impresión de que esas evasivas, ese lenguaje secreto que el narrador iba descifrando aquí y allá, obsesivo y dramático, era el grado máximo de represión del europeo de la Segunda Guerra Mundial, y ni hablar de los dos jóvenes co-protagonistas, discontinuos, electrificantes, enmascarados… están todos alrededor de una trampa para cazar vacía, como la de las caricaturas, esperando que algo caiga y tengan alimento, sólo que nada llega…

otra forma de verlo, complementaria, es:

exploradores ) invasores ) invadidos ) investigadores ) modelos ) actores

puros territorios que se mueven y sobreponen y tiemblan y crean pequeñas islas que desaparecen tan rápido como se forman, no sin dejar ver algo de su cuerpo ya compuesto, monstruoso (rostros que se deforman, que quedan incompletos y que, con todo, atraviesan la mirada con tanta fuerza haciendo ruidos extraños de huesos o cartílagos crujiendo…)

además: sigo sin entender muy bien esta relación vejez / juventud, que el porno sabe usar a favor, religiosamente quizá, y a veces plásticamente… aunque nunca nada es sólo la impresión plástica sensual, sino también producción de sentidos

pero no entiendo la anarquía, la sumisión alternarte en los jóvenes, la aparente asquerosidad de la vejez, el sueño, los sueños