Escucho una voz que me dice: “ellas se reúnen en sueños y hablan, dicen cosas de este modo:
Pierde cuidado, querida… no hay tal culpa. Lo horrible es que las cosas sigan así. Fuman un poco luego de armar un cigarrillo de mariguana o de tabaco, ¿cómo saberlo si no puedo oler? Los “fantasmas”, jijiji, no olemos, apenas vemos cosas y leemos los labios tan bien tan bien. No es que me preocupe, dice la otra chica, sino que debe existir por algún lado una pared que nos separa realmente de todo ese poco de motherfuckers… y es que eso quieren siempre: joderse a la mamá. Los he visto… Yo también los he visto, responde la chica, y luego se ríe y chupa el cigarro y bota el humo y habla más, pero el humo no me deja ver. Entonces la otra chica dice No es sólo eso, ¿sabes? Si no que estamos en un rincón y pues… Sí, sí. Bueno, es que una está muy expuesta, y todo el mundo arma sus santuarios, enlista sus ídolos y los acoge en su cálida alma. Luego están los retablos contando las vidas de los y las santas, ¿sabes? Y es inevitable que todas pasemos por ahí. Pero sólo que una está más expuesta. Sí, sí. Estoy “saltando”, disculpa. Entonces no hay mayor mérito, creo… porque, bueno, está la Rule 34, ¿sabes? ¿Qué quieres decir? Pues que ahora todo se puede ingresar en el santuario pornográfico (privado, por supuesto) de cualquier persona; y con “todo” me refiero realmente a que todo es potencialmente pornográfico. El cigarrillo se consume sólo porque hablan y hablan. Fuck! Es cierto, chica… Es difícil de asimilar algo que es tan sencillo en apariencia. Porque, piénsalo, todo se queda en cómo se transmite nuestra imagen. La otra chica que casi no estaba hablando comenzó de nuevo a fumar. Sólo esa textura que somos… Una textura que está demasiado sobrevalorada. Como si uno no atravesara otros espacios donde se es ciego o vidente de otros modos… La chica olió el humo e hizo un gesto repentino de desagrado.
