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así que conviene trazar el punto en el que la película de Korine sobrepasa la Línea Año Cero de realismo trash y lo revela como un nuevo tipo de realismo donde la pornografía, el found footage y la violencia comienzan a tejer una red de objeción a la identidad norteamericana (the american way)

porque, claro, nos acercamos a lo real, pero no podemos negar que nos aterrorizamos en el camino, pues lo real también es estos huecos que joden basura, rotos y violentos, que bailan tap mientras chirrían y cantan insoportablemente, que no la normalidad ritual de la vida no-grabada en la peli que vivimos todos los mortales… con horror creciente… day by day…

hay algo en la obra de Korine que se resiste a volverse merchandising, esa incomodidad por el pacto sucio de la precariedad convertida en signo de presencia que invade y ensucia y enmarca y te señala, tú tan lindi ahí mirando, que escuchas insistente en chillidos, en las repeticiones sofocantes de pequeños estribillos (fake it, don’t make it… y sus variaciones muchas veces desesperantes), que sientes repetirse como escupitajos o caca: sistemas que comen y cagan… y tú pensando en resistir a la vida con “higiene”

porque, claro, es muy extraño tener que sentir que somos nosotros acá, por estos lares, los que tenemos que amar aún más la basura de la american way of life, a través de su cine, de sus productos, de la imposición de un mercado que produce y mercantiliza también el tiempo y el deseo… Colonización. Globalización. Lo ya dicho mil veces. Lo maravilloso es cuando eso se voltea (suena “había una vez una Iguana, con una ruana de lana, peinándose la melena junto al río Magdalena”) y vemos que somos una plaga maravillosa que Estados Unidos se niega a aceptar, pero estamos ahí en miles de formas más allá de la presencia racial inmediata de los cuerpos, qué sé yo…

el trash humper y sus protocolos son difíciles de controlar, de administrar, como sucede con el deseo de los subalternos en los infiernos y heterotopías… por eso el árbol es desecho humano, “jodible” también… por eso su aparente impunidad, pues salen victoriosos en cada una de sus incursiones, casi invisibles, pero aun así ahí, jodiendo la vida… nada más que el deseo por aquello que la hegemonía expulsa o que sólo asimila como paisajismo, como decoración, como producto seriado vendible por cadenas nacionales e internacionales… el ánimo conquistador de culiarse todo termina por degradarse, incapaz de ser siempre “dignidad” de conquistador, pues el tiempo viene y hace sus cosas… y en la vejez el héroe se convierte en un bufón…

(eBay y Amazon también tiene sus bordes raros, sus zonas extrañas de venta de “basura” deseable… creo que es el mismo paralelo, una suerte de fondo de verdad que sostiene la xenofilia hípster)

(fenómeno de clases extendido en todo el mundo, apuntado de miles, de millones de formas diferentes ((recuerdo el cuento de Caicedo “De arriba abajo de izquierda derecha”)))

(el futuro del trash porn)