pero dicen algunos comentaristas que Yahvé no programó la excitación sexual en Adán. Que éste elevaba su pene, poniéndolo erecto, sin ningún tipo de voluptuosidad. Eva (aunque esto no lo mencionan) podría a voluntad disponer su vagina y su vientre. Esto era, por supuesto, en “los tiempos” del Edén. Eva podía simplemente recibir el contacto de Adán y tener sexo para reproducirse, o podía llegar e, incluso, dialogar.
Pensar en esto es extraño… ¿Qué utilidad? ¿Para qué este control? Pero no nos consta que el mito afirme que se dio el nacimiento de pequeños hijos edénicos, antes de la expulsión. Al menos la versión de la Biblia que tengo a la mano, no lo afirma. Algún culto satánico o “esotérico” seguro tendrá historias paralelas a esta, lo que demuestra aún más las marcas de violencia. Pero igual nada cuadra mucho.
No es trabajo, el reproductivo, si no da frutos. Duh. Todo es muy extraño, porque son expulsados y el tiempo aparece rasgándolo todo, no como una eternidad, despliegue de su propio acontecer, sino como si los grabaran, como si ser expulsados del Paraíso significara estar siendo vigilados por una figura sin conciencia que, precisamente, no era Yahvé, pero que tampoco era el Mal. Un ojo que no es trascendental, un ojo metido del todo entre nosotras, aquí, titilando siempre como un mal sabor de boca continuo: caminata en el desierto. Y en ese momento, el momento en el Paraíso se convirtió en una nostalgia densa, sí que hubo hijos y sexo; el inicio de la larga condena judeocristiana… Pero esto lo hablo desde un casi-barroquismo aislado, desconociendo —a propósito— aquello que Robert llama extramundos. El nuestro, por supuesto, Robertcito, es el para-mundo, parásito, aglomerado y fuga. Entonces, el pasado que aún se revuelca entre mis piernas y mis pasos y los ojos fotográficos de M., ¿siguen arrastrando el destino judeocristiano?
[¿Una mujer que trabaja y no vive enajenada?, ¿disfruta incluso de la voluptuosidad presente en la plusvalía? ¿Qué somos en estos tiempos subvencionados post-apocalípticos? ¿Mi riñón sexual posee un sindicato? ¿Qué tipo de Edén-hotel-moridero es este que habitamos?]
…Ya no había control sobre su pene, no había “humectación” ni dilatación, sino, digamos, acción laboral de los órganos, no como dildos, sólo como órganos reproductivos.
[¿Tiene diosa la culpa de que siempre tengamos sexo sobre el desierto? Porque, aunque no soy una madre del desierto, sí que puedo recorrer el desierto, atravesarlo, ¡oh, santa Sinclética, santa alejandrina que te cortaste el pelo para acabar con el ciclo de tu imagen de mujer dada al matrimonio y rompiste tu imagen frente a tu padre muerto, que caminaste a las afueras de Alejandría junto a tu santa hermana ciega, que viste tu muerte llegar lentamente hasta tu cuerpo acostado y bello, tú santa Sinclética, ven a mi pieza y mira conmigo las penas ascéticas de un fantasma de nombre Gauge, perdida quizá en el sur de un país en ruinas desde su origen, mira conmigo a una muerta que, como tú, entregó su vida a su cuerpo y a su imagen, que caminas muerta entre el desierto de los vivos, que tu guía es tu hermana ciega, oh alejandrina, ven a mi cama y lame mis heridas mientras chupo tu corto pelo y recojo tu saliva con paciencia para regar mis plantas!]
[¿Tiene dios, o sea nosotras, la culpa de que la “total desertización o santificación del cuerpo humano, o sea la total abdicación del deseo y los dispositivos que lo alimentan o ayudan a configurar [sea] una utopía mística”?]
[Todo cambia. Una fuente sale de mi boca y yo puedo ser el surtidor de cerámica bajo el cielo ardiente del desierto]
Esta es nuestra cabeza, y nuestro cerebro y nuestra multi-instrumentalización, Martín, vos que te la pasás hablando del ghost [g-shot] vs. el parásito-tumor, de la “nueva carne”, de un videodromo en la cuenca parda de tus ojos, etc.
He llegado a creer que la libido católica es siempre marca del desierto, pero hace rato que ha degradado en otra cosa… me refiero al catolicismo, Martín… porque en la voluptuosidad del jardín, en el tiempo eterno de sus riquezas, ¿qué era el sexo sino la correspondencia romántica? [¿por esto M. del Carmen decía que el sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la reunión de los tormentos?]. Una voluptuosidad no material, pues sólo puedo imaginarme un jardín renderizado, con el sin sabor de lo “perfecto”.
tiempo-linaje
tiempo-sobrevivencia
tiempo-violencia
tiempo-tinieblas
tiempo-luz/ardor
[¿Por qué luego el espesor del trópico sólo puede ser asumido como espesor-calor-humedad-libido? ¿Por qué tiene que forzosamente el trópico ser la Productora Cinematográfica de todas las voluptuosidades del mundo? ¿Qué canibalismo se despliega en las mentes “expulsadas” continuamente, habitantes del desierto? Muchos gran malparidos dirán que Sodoma era una ciudad tropical.]
¿Qué contranatura más necesaria y más grande para Yavhé que el mismo gozo del sexo, entonces? Pues para que el mito funcionara, Yahvé concebía también la necesidad de la expulsión, de la vida en el desierto de nuestro mundo, del cuerpo de la tierra “santificado” (cf. Robert P.). Este es el silencio o la mentira propia de la cultura católica. La mentira es necesaria para que la Verdad Suprema de Dios se exprese. Así como el ascetismo del render (vía AutoCAD, etc.) es la mentira de la perfección licitante para la verdad del contratista se realice en la actualización del libre mercado: el costo del delegado (proxy). Jardín hecho de puro éter (como la Helena de Eurípides), hecho para ser consumido visto, perdido, abandonado. Puras ruinas platónicas para las que unos danzan con llagas en las lenguas. Que el Jardín renderizado de Yahvé me lleve a pensar en ruinas platónicas sólo me lleva, a su vez, a pensar en el dicho “dios los hace y el diablo los junta”. Algo para reírse, así sea un poquito, a expensas de sí misma.
¿Entonces no sería el porno aquel Jardín abandonado, Martín?, ¿un jardín que se nos cerca de a pocos, que nos invade a veces de maneras nada sutiles, dejándonos en un rincón desértico del deseo (no sólo sexual), abrumados y pesimistas? Hay muchos modos de estar abrumados y pesimistas. Una cosa debe llevar a la otra. Es decir: la vieja pelea contra el padecimiento de la moral del esclavo, como le gustaría decir a Nietzsche.
Mucho porno, precisamente, se escapa a esta imagen, y, por tanto, al sistema que la sustenta. Y esto lo sabemos ahora, que el mercado no tiene mayor sentido, Martín. Gauge en sus días escribió: “muchos hombres y mujeres que conozco a diario están muertos o mueren; algunos tienen lo suficiente para morir de nuevo después, mientras mueren gozosamente, otros, otras, son enterradas en los ojos de sus padres” (yo hice la traducción de esta parte, por supuesto). Esto es porque, por suerte, apenas sentimos el ruido del agua viniendo a nuestras ciudades. Cuando la vimos, ya era tarde. Esto es porque los conceptos o las palabras o las imágenes no son mónadas: tienen ventanas y puertas, túneles, fugas, esponjosas o gaseosas, todo eso. Se infectan, se refrescan, se airean, se escapan de sí mismos, se llenan de ruiditos y susurros, de perfumes robados o de invasiones orgánicas, etc. Gauge terminaba su nota diciendo: “el cadáver es invisible, pero su olor me hace arder los ojos”.
La voluptuosidad geopolítica es integrada por el jardín pornográfico, a razón de producción y contra-producción / robo y contra-robo. Un ejemplo: la manera en que de repente hubo porno con “contagiados” del coronavirus. Tú mismo, Martín, eres prueba de este avance. Tu plan con el Club; la petición de Río arriba… Ay…
El Jardín es proyección y render, tensión entre el insípido idealismo del porno mainstream y la resistencia de la “contracultura” del porno más caleto (porno-punk, porno feminista, alt porn, etc.). O sea, no solamente “tipos” de fetiches ritualizados en las mismas plataformas y en los mismos protocolos “de siempre”, automatizados, etc. No se trata sólo de que haya porno para cada fetiche y particularidad. Lo que parece un gran Jardín unificado y puro es más bien un Jardín centralizado y abierto, parasitado, con sus bordes confusos, con sus traiciones e intensidades. Porno hetero, porno gay, porno queer, freak porn, lol stuff, ebony, porno bisexual, warporn, etc.: categorías de mercado que se disfrazan de taxonomía de consumo, de pestañas en el Google Chrome, de agrupaciones hechas para no tocar con la mirada lo que “no nos gusta”, lo que nos da asco, para evitar “encuentros desagradables”. El fondo ético aparece, entonces. Hay unas líneas que los atraviesan, y los mueven, y éstas tienen que ver con problemas económicos y estéticos. Pero, ¿es suficiente ser súper-híper-contra-cultural? Por supuesto que no. No existe ninguna contracultura que no haya hecho simbiosis (a veces forzada) con el capitalismo. Pero pareciera que lo “contracultural” se asume como huida constante. Ay, Martín… la verdad no sé si todo esto es suficiente, aunque ya dije que no lo es. Mírame aquí quejándome, cuando niego y acepto, y asumo mi “autonomía” como productora del modo en que el monje asume el hábito para construir una ética, unas prácticas. Y cada vez me siento menos sola, es cierto, pero no sé si los amigos sean suficientes, si el tiempo dé para tanto. Ahorita parece que no queda más que la guerra y el tedio, sustentándolo todo. Incluso nuestras alegrías y dichas parecen formas del tedio, de la miseria de la guerra. Sí, voy a decirlo de nuevo: guerra y miseria, guerra y miseria y tedio y miseria. Es que, bueno, a veces se está con menos posibilidades. Como una cucarachita bajo la repentina luz de la cocina… Pierdo porque me atemorizo. Me atemoriza la guerra y el tedio, la guerra y el tedio, la guerra y el tedio.
Bueno, ya. Respira. El chico que vive en la pieza de al lado escucha a Héctor Lavoe mucho. Lo conocí por él. Su álbum favorito es Comedia. Está sonando ahorita mismo: “Somos en la vida polvo, nada. Qué más da…”. Sigo con lo del jardín:
¿Cómo pensar el porno no como este jardín del trabajo sexual sin pensar en la precariedad y el trabajo informal en esta tensión extrema del capitalismo neoliberal (que resiste como un zombi doblemente zombi) que sólo tiene que sentirse como su último impulso idiota de muerto vivo?, ¿PornHub como la gran condensadora de trabajo sexual legítimo y más organizado? (No por nada sigue siendo uno de los conglomerados más importantes de la industria del entretenimiento. No sólo es una empresa, con sus productoras, sus oficinas transnacionales, sino también una codificadora de información de consumo sobre el “entretenimiento para adultos”… Esos momentos en que los personajes de Hustler White llaman de teléfonos públicos para conseguir trabajos en pelis porno, ¿la has visto?). ¿Cómo pagan sus impuestos, qué beneficios tributarios tienen? Al estar el trabajo sexual al margen moral y de representación sociales, no podemos asegurar de manera adecuada cuál es su inclusión en toda la economía de los territorios. Por esto es que últimamente me la paso escuchando de “emprendedores” que quieren montar de nuevo casas de webcamers en las ciudades post-colombianas, para salvar algo… no sé qué… pero es como si trataran de salvar algo, desesperados todos (o casi todos). Somos unos putos parásitos. No nos interesa el sexo ni el gozo, ni la salud, ni el terror, nos interesa el capital de alguien a quien rara vez puede verse… esto lo hace mejor. Nos interesa que ese capital, además, llegue a través del cuerpo trabajado por sí mismo, ajeno al nuestro. No me quiero poner moralista, no digo todo esto con furor o enojo, sino quizá con
de ma si ado de sen can to.
¿Cómo identificar, pues, estas líneas-protocolos? ¿Segmentizar los géneros, los modos económicos de producción, las formas composicionales del porno y sus características figurales? ¿Hay que hablar del porno en tanto prostitución? ¿Hay que prohibir (más) la prostitución? No sé. ¿Otra vez hay que decirse: “se trata de la estructura, no de sus síntomas”? ¿No estamos cansadas de decir esto? Ay… Perdón
tan to de sen can to
¿Hay que definir las imágenes posibles del o de los momentos en que el jardín no sólo es invasión, sino que es también repetición insípida de las estructuras patriarcales, para poner el ejemplo más fácil y, por tanto, el más denso? Creo que sí.
[la presencia del jardín / la presencia del desierto
¿qué hay en medio? / ¿desde dónde miro?]
¿Es posible, necesario o deseable pensar una pornografía (un registro del sexo y el deseo) por fuera del capitalismo? ¿Láminas en los balnearios de Pompeya o en las cerámicas dos hombres amándose? (Un poema que leí decía algo como: “un hombre, en su clímax, es lo más cercano a darse por vencido”). ¿Es esto instaurar nuevos rituales, intentar actualizaciones para la grafía de las actividades sexuales humanas?
