-xxx-

mi primer contrato fue de sexo anal

la primera escena filmada y la hice con gusto

en el escritorio donde cogí, pudimos comer Doritos

 

después reunieron a 5 hombres para una gang bang y la gocé

estábamos todos moviéndonos como planetas arrechos y la pasé bien

el director quiso en un momento unírsenos, pero al final no sé por qué no lo hizo

con mi ex novio grabamos una cinta amateur mientras yo lo orinaba para luego bañarlo en leche y miel hundido en la tinta negra de mis besos… if you know what I mean 😉

en el video, sólo para molestar a la gente, dije que ése era el ritual de siempre para coger con mi novio

el video fue un best-seller, pero terminé con ese chico y no grabamos nunca nada más

luego conocí a un director, un chico loco, y me enamoré de él

fue mi novio y luego mi esposo

grabamos alrededor de 500tas cintas; en una incluso me cogía a un gato (sólo 100 de esas cintas

se pusieron a la venta)

en otra me metía un bate y luego él lo lamía como una paleta y luego yo fingía que era un pene y lo lamía

en muchas hacíamos tríos con las porn stars más reconocidas del momento en medio de la calle, en medio de puestos de salud del tercer mundo, en medio de las ruinas del 9-11, en pantallas verdes-croma (puertas al infierno)

en otras él me amarraba a lo japonés con cuerdas de cáñamo para luego actuar como si me violara

en otras yo besaba a chicos de entre 18 y 25 años en la calle

en otras actuaba como una escritora que se enamoraba de un cineasta reconocido y teníamos sexo en un teatro, en el escenario, mientras proyectaban sobre nosotros escenas de Drive, la película en la que actuó Ryan Gosling

en otra mi esposo metía sus dos manos en mí y yo lloraba silenciosamente, luego yo hacía lo mismo con él y él no lloraba, sólo reía suavemente

en otra él me grababa dormir desnudándome llorando gimiendo en un hotel en París (la Torre Eiffel se veía un poco desde la ventana) y “Toda nuestra vida fue un terrible y hermoso cliché”: así se llamó el video

en otra hicimos una parodia de Independence Day, donde por supuesto yo era el extraterrestre culiado y mi esposo una versión blanca de Will Smith

en otra nos colábamos en las ruinas de una pequeña iglesia de una post-ciudad colombiana, disfrazados de indigentes hombres, y cogíamos en el altar y luego detrás de las sillas y luego entre los trozos de pared y bareque y ladrillo de la iglesia

en otra me disfrazaba del Che Guevara y le daba el culo a mi esposo que estaba disfrazado de Donald Trump (nos pareció una escena estúpida, muy muy pobre, pero la gente la pidió mucho, entonces… whatever…)

contar lo que hice en todas sería extenuante, pero con tantas producciones en la lista, que algunas subíamos periódicamente en un blog que tenía con mi esposo, logramos fundar de a pocos, de manera informal, nuestra productora audiovisual, encabezada principalmente por él y yo

la llamamos Pussy Dictature

un día mi esposo inventó la primera prótesis de pene extraterrestre: un molde de plástico que se insertaba en el pene erecto y que a su vez metía en mí… lo maravilloso era que este tenía formas monstruosas, protuberancias y burbujas que, pensadas para mi vagina, producían mucho placer: esa fue la prueba del amor que tuvo mi esposo, la prueba de su conocimiento inmenso de mi propio placer… Hoy esa prótesis permanece en el Museo del Sexo Transfronterizo, que ha permanecido varios meses en Barcelona, luego de que iniciaran las confrontaciones en Ukrania

me pidieron un día protagonizar un documental sobre la industria porno, pero me negué con la excusa de que documentar el porno en realidad tenía más que ver con los espectadores que con los productores (aunque ahora que releo, me parece una buena excusa… verosímil, quiero decir)

una vez leí que se inventarían una pastilla que provocaría en quien la tomara la posibilidad de proyectar en su mente cualquier película que él quisiera inventar o recrear en su cerebro y me di cuenta de que yo siempre fui una ficha que movía una mano grumosa y húmeda como petróleo

un día una agencia de seguridad, cuyo nombre no puedo revelar, nos contactó y nos ofrecieron un contrato para producir una película porno donde se usarían (o se usaron, no lo sabemos) prisioneros de guerra como actores (no sabíamos si hacían parte de un movimiento transfronterizo, es decir militantes, o eran simplemente vagabundos… o sea… militantes que no saben que son militantes)

otro día, cuando en España, donde vivimos casi toda nuestra vida, se creó el Ministerio del Deseo, ganamos varias licitaciones para producir el porno estatal, productos que se distribuyeron gratuitamente a todos los focos poblacionales capitales de la nación, etc., a las clínicas de administración de la libido que para entonces comenzaban a crearse…, incluso a varias de las bibliotecas ambulantes que ya habían cogido fuerza en Salamanca y Barcelona… fueron esas producciones las menos divertidas de grabar, pero, quizá, las más fáciles de hacer (una de las 8 que grabamos duraba aprox. 13 min. y era simplemente una pareja de jóvenes españoles promedio, ni muy guapos, ni muy atléticos, ni muy nada, muy promedios, casi mandados a hacer, teniendo un sexo lento y a ritmo mantenido en una sala con un fondo azul claro, color de sensación tremendamente clínica que nos fue exigido como parte de la producción del material… ni el chico ni la chica, Ana y Gerard, como se llamaban, eran especialmente expresivos, de modo que, aunque de verdad estaban gozando del sexo, nunca gimieron en demasía ni pasaron de doblarse y contornearse de vez en cuando mientras cerraban los ojos y se aruñaban gentilmente. A veces sobre el fondo azul claro proyectábamos escenas de sexo, de Oshima, de Brass, de von Trier, de Lust, de LaBruce, de la Brazzers pre-guerra… todo lo que nos llegaba a las manos por parte del Ministerio. Los dos chicos, luego supimos, eran conocidos del secretario general del Ministerio. La verdad, creo que el chico era su hijo y la chica, una prima o una amiga del colegio, o algo así… no sé bien el chisme, pero es algo así). El proyecto del Ministerio, por lo mal gestionado (la ministra de verdad no gustaba del porno, dejó todo en las manos de su secretario general (Yordi Falcioni, la persona más despótica y con menos gusto que he conocido en mi vida). Luego de que la ministra fuera asesinada en el atentado del 28-12 en Madrid, armaron un comité ministerial y retomaron la producción de las películas, esta vez a cargo de un conocido nuestro: Guido Morales, un director y actor de porno nacido en la México pre-levantamiento, que tuvo más libertades para la producción. Lastimosamente, sólo pudo producir 2 películas: Glúteo y Vena (que han llamado la Oda a la Bisexualidad) en el 34, y Animalmente Demiúrgica (un homenaje medio insípido al porno de la Golden Age norteamericana, que contó con la ayuda de un pornógrafo de las guacas colombianas de apellido Caicedo, que lo ayudó también a grabar en una triste ciudad pálida del interior), en el 35. Luego el Ministerio sufrió un recorte brutal de recursos (debido a los continuos shot-downs que se extendían desde África y desde Europa del Este) y no se supo más de Morales

luego borramos lo que pudimos de internet (contratamos a unas chicas que venían de Japón en una flota trans-f, que se encargaron de dejar el mínimo mínimo rastro) y quemamos las memorias que contenían nuestro material grabado antes de los 40 años

luego me dijeron que tenía cáncer en la matriz y me extirparon el útero y el cuello uterino

luego estuve mejor que nunca y comencé a grabar más hometapes con mi esposo, ambos teníamos en ese entonces 50 años y teníamos el mejor sexo de nuestras vidas gracias a los avances de la medicina pirata y la imaginación que parecía no agotarse, pero nos negamos a crear productos públicos por lo que dejamos de vender la mayoría de las hometapes para convertirlas en un producto privado

un día robaron casi todas nuestras cintas de video de nuestra casa en Barcelona y las vendieron en varios mercadillos negros… nunca encontramos a los o las culpables

ganamos dinero como productores audiovisuales y dictando algunas clases en academias móviles, a veces incluso seguimos recibiendo algo de regalías por los años pasados (lo que no nos deja de asombrar)

hemos cambiado mucho, le digo a mi esposo y él me dice:

“sólo tratamos de vivir en paz”