la última vez que me vi con Martín, hablamos de nuestra infancia… le conté que crecí en una de las guarderías transfronterizas que comenzaron a aparecer luego de tanto despelote por los levantamientos… entonces que yo esté aquí también es un milagro, le digo, y él me dice que sus papás siempre le hicieron saber que lo amaban mucho a pesar de ser adoptado, lo que a él siempre le pareció, si no bueno, al menos tranquilizador
sonaban hilitos danzando entre el monte, o grillos, o quizá la luna nueva derramada en nubes
le pregunté si le podía tomar una foto y él me dijo que bueno, pero que sin flash y “ya mismo”, aprovechando que no había mucha luz
le pregunté que si podía quitarle la camiseta y él me dijo que bueno
tomé la fotografía poniendo en el centro de la composición su garganta
luego se puso la camiseta y me dijo que le mandara una copia del negativo y yo le dije que claro
luego saqué mi mp3 y me dijo que sus papás tenían uno parecido y sonreímos por la feliz coincidencia
¿puedo poner música?, le pregunté… te puedo pasar uno de los audífonos
y él aceptó moviendo la cabeza
sonaban carros muy de vez en cuando, algunos aerodeslizadores pasaban a lo lejos, entre la ruta lumínica paramericana
sonaron algunas obras de Palestrina y él trataba de llevar el ritmo con el pie
el suelo sonaba como un golpecito tenue y opaco sobre la panza, y se lo dije
no dijo nada
la canción automáticamente se cambió a un bolero (creo) que se llama “Hoja seca”
me preguntó que de dónde sacaba la música y yo le dije que conocía a un man que le decían El Sotareño (pero no sabía si realmente era de Sotará), y que él vendía música, pero que a mí de vez en cuando me regalaba unos temitas a cambio de algunas fotos con su novio
am, me dijo
nunca había escuchado esta canción, dijo Martín
sacó su celular y comenzó a grabar el monte, el sonido de los grillos que cada vez se acrecentaba
pasó un gato y nos asustó
el cielo se despejó un poco y sonó una canción que se llama “Trouble Comes Knocking” y Martín giró su cabeza bruscamente hacia mí, dejó el cel a un lado y me arrebató de las manos el mp3
la pantalla estaba un poco rota y no se reconocía el nombre, entonces me preguntó que cómo se llamaba esa canción
y yo le dije cómo se llamaba y él se quedó viendo el aparatico viejo y roto, como un perro
cuando comenzó a sonar el órgano y la voz cantaba “With a sword in a bag in my trunk”, Martín me tomó la mano y dejó ahí el aparatico y se quedó viendo hacia las luces, un aerodeslizador que pasó muy rápido
le pregunté si podía tomarle otra foto y él se quedó callado… recogió el celular, me miró y me apuntó con su celular… por supuesto seguía grabando… me dijo que bueno, pero que me iba a grabar mientras tanto
yo sonreí y subí los hombros para decirle que no me importaba
alisté la cámara y esta vez prendí el flash
me dijo: prendiste el flash, y yo le pregunté que si le molestaba
se quedó callado un ratico mientras la voz de la canción decía “And out of the purple woods / From the season in Hell / Of the human dawn…”
pero que mi rostro no aparezca, dijo por fin
entonces le dije que subiera un poco su celular, para que éste le tapara la cara
él lo hizo suavemente
el avance de los grillos y el sonido de los violines en los audífonos se mezclaban bien
yo sentía mi pecho pesado, me costaba un poco respirar
“And the things got real bad / Oh, people got scared / Well, I got worried…”, yo estaba esperando algo, o no me atrevía a disparar, una animalita cálida y vigilante, “We took what we could get / And all you fair-weather watchers / Watch out and beware…”, Martín me dijo: ¿por qué no la tomas?, “When the troubles comes knocking / I hope ain’t there…”
cuando el flash se apagó, rápido y doloroso, me puse a llorar y Martín me preguntó qué había pasado y me dio un beso en la mejilla preguntándome qué pasaba, abrazándome, ¿qué viste?, me preguntaba, había dejado su celular a un lado y seguro seguía grabando y yo no quería hablar si estaba grabando, o eso pensaba, entonces le di un pico mojado por mis lágrimas justo en la boca y le dije que más tarde le contaba
cuando volvimos caminando a la ciudad íbamos tomados de la mano y le dije que me tenía que ir, que debía viajar a Lima, que me había metido en algo muy malo y debía huir
