En una partecita de ¡Que viva la música! hay un hombre flaco que habla de paisajes que pintan en buses (como en ese hermoso pasaje de Noche sin fortuna cuando Solano Patiño sube al bus que lo llevará a la fiesta de Angelita). Ese hombre flaco le dice a María del Carmen que cuánto cobra. Ella dice que cobra trescientos y la pieza. “Eso es lo que valgo, la más cara. Protestan, pero todos vienen”, dice ¿con orgullo?
Me desnudé sin prisa, me abrí de piernas, recibí su cara horrible contra la mía, para los muertos, intentó meterlo pero no encontró por dónde, el experto. Tuve que bajar la mano y enterrármelo. Él hablaba de paisajes de esos que pintan en los buses, cuando yo hice con mis entrañas el horrible movimiento de fuelle y se lo soplé. Ha debido sentir un hielo, luego el avanzando, y el grosor… intentó sacarlo pero ya estaba inflado como un melón. Le explotó todo dentro de mí, esos jirones de piel fueron como latigazos. Eso sí fue vida. Salí de allí berriando y haciendo la gran pelotera, «se me murió el cliente».
