¿pero qué hay que entender?, ¿de qué manera el asunto del otro no se convierte en la gran denuncia de nuestra violencia?
¿en qué momento la pornografía se escapa de los cuerpos reales?, ¿qué pasa con nosotros?, ¿qué pasa con nuestro cuerpo invadido por sí mismo, por el doblez de sí mismo?, ¿qué pasa con esta presencia que hace del film una realidad alterna que parece vivir a nuestras expensas, mientras nosotras esperamos de este lado, aterradas, a punto de ser asesinadas? (presencialidad que aturde, que mueve sus fichas a escondidas y promueve voces y sufragios en secreto, “ímpetus comunes”, pero sin liberación, sin circunstancias, sólo invasión)


[pantallazos del capítulo número 14, “Hallowen Spectacular of Spooky Doom”, de Invader Zim, donde Dib sin querer comienza a ser transportado a una dimensión oscura que está en su propia mente. Los seres de esta dimensión paralela desean usar la propia cabezota de Dib como portal para escapar al mundo “real”, para “vivir mejor”. Una vez que casi lo logran, y al mirar la escena de gir atragantado con miles de dulces que robó, se horrorizan y prefieren quedarse en la horrible dimensión paralela.]
