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* El porno mainstream está producido por unos protocolos de mercado más o menos definidos, que no son imparciales, son ideológicos, aunque no exponen de manera muy definida ninguna visión de mundo. No hay un sujeto contractual-axiológico. Hay una “casa productora”. Basta notar cómo se ha desarticulado la expresión pornográfica (pública del sexo humano) de la complejidad que le debe ser propia, para entender que algo está operando cambios significativos en los procesos de producción de las secuencias triple x. Me refiero a que el deseo nunca es solamente deseo sexual y esas historias tremendamente estúpidas que ubican la trama de muchas de las películas son, a mi manera de ver, una estupidización y simplificación del deseo. Huxley hablaba de “fabulosas” orgías en las que nunca hay un dolor de muelas o un alquiler por pagar. Esta es la ironía que Bernard Arcand señala cuando dice que es pornográfico un objeto “al que se le quita todo lo que parece pertenecerle necesariamente”, como “la imagen del sexo desprovisto de amor”, que será a menudo declarada como pornográfica (cf. El jaguar y el oso hormiguero. Antropología de la pornografía).

Zizek cree que esta insistente simplificación demuestra la existencia de una especie de auto-censura en las producciones pornográficasEs decir, hay la profunda preocupación acerca de la potencia de las imágenes sexuales (más que la pornografía como producto industrial). ¿Por qué otra razón se cultivaría esta auto-censura? La sexualidad es profundamente peligrosa cuando esta, en vez de aislarse como en el mainstream, se conecta como actor y flujo de redes complejas: económicas, políticas, estéticas.

Occidente ha cultivado un culto por la imagen en tanto corporalidad. Aquí estamos, esta sería también una de las marcas de la posmodernidad: la hiperrealidad de las imágenes. Una aparente caída de la metafísica que deviene en surgimiento del shock de la imagen, antes que en la producción de sentidos de la imagen y la educación de la percepción y la sensibilidad. Pero este vuelco violento al cuerpo es de nuevo un idealismo negativo: un cuerpo desligado, desarticulado de todo aquello que lo hace cuerpo, de todos aquellos productos metafísicos (parafísicos): otra vez “espejismos”, ideas que nos invaden como originadas ex nihilo.

Quizá, en el momento de realización de nuevas producciones, nos encontremos con otras funciones parásitas y prácticamente ineludibles. Por un momento la excitación no llegará, pero llegará en cambio la sorpresa y la verdad de unos cuerpos cuyo placer se ha excentrado y ante el cual no tenemos más que callar e, incluso, cerrar los ojos. El progresivo sonrojamiento, el desecho, el calor, vendrán por vías parasitarias, como si pudiéramos jaquearnos, contra-producir, no sé. Nuestra maquinaria sexual comenzará nuevas producciones.