esta pequeña idea fue sugerida por unas voces sin rostros, como ojos sin cuerpo
sonrisas flotantes:
un sueño en el que un hombre, en medio de una sala de paredes de arcilla húmeda, entierra alfileres rojos en las orejas de una mujer de dos cabezas
cada que entierra un alfiler, ambos cuerpos tiemblan del gozo
una luz naranja los enfoca en el centro de la habitación
reposan desnudos, uno sobre el otro, en una alfombra negra como un gato sacrificado
en cada oreja pone tres alfileres
cada oreja parece un ornato
son seis orejas ornamentadas
la cámara se aleja del juego de close up y de primeros planos de los tres rostros, las miradas y las orejas sangrantes y filudas como una custodia barroca forjada en oro y rubíes
la cámara se aleja tanto que sale de la locación y expone la imagen de un televisor que ha estado transmitiendo, todo este tiempo, aquella escena de sexo
