Salimos al jardín en medio del frío, desnudos y parolos. El vaho terrible del páramo bajaba muy veloz y punzante por las faldas. Michael me alzó y penetró mientras de nuestras pieles un vaho respondía al del páramo. Hervíamos por dentro… o algo así. El viento helado se sentía como una lámina flexible entre que acariciaba con sutileza los pliegues de la piel. Tuve la sensación de que nuestras pieles se desplegaban como si comenzarán a cubrir unas extremidades inexistentes. Recordaba, al mismo tiempo, cómo había apretado mi pene entre sus piernas. Y mientras el recuerdo y la nueva sensación se sintonizaban y me daban más piso, sentí muchas extremidades que no se veían pero que definitivamente estaban ahí, la piel nuestra lo sabía. Luego los ojos de Michael comenzaron a empalidecerse. Él tiene los ojos de un café oscuro tierra hermosa, pero comenzaron a ponerse como grises, como a apagarse, mientras su boca se ponía roja roja… lo que, de algún modo, no sé, me tranquilizó, roja y se hinchaba y el vaho o vapor o humito de los cuerpos, producto de su movimiento y recalentamiento, dejaba ver extrañas formas desprendiéndose. Era extraño, Gauge… algunas formas que se formaban me recordaban a los muy conocidos aros de humo de los fumadores (recuerdas que cuando conocimos a Jhon, ese era su único encanto, pobre sujeto); otras formas eran más temblorosas, cercanas a lenguas o a gusanos largos de los que me daba la impresión surgían por momenticos algunos ojitos traslúcidos. La escena, en general, me recordaba a Shingeki, al momento en que los titanes se consumen, pero bueno… iré más lento, sí: imagina un cuerpo cargando otro desde las piernas, desde su pelvis y sus piernas, cuerpo que sube y baja, es fácil imaginarlo, yo sé, una de tantas poses medio idiotas del porno, pero esta vez con una utilidad de árbol o función de rama y viento, es decir, hecha no para ser vista si no para resistir una carga, una atracción física, cuerpos pesados y contra-grávidos conectados al mismo tiempo con todo el paisaje. Pon el viento, que se veía de tan veloz. Pon una maleza verde en nuestros pies y en lontananza (hermosa palabra que te pongo en español porque sí, porque significa algo espectacular en términos de encuadre, pero además algo muy bello musicalmente, y eso es lo que importa), en lontananza pon las faldas montañosas, foothills, ¿sí? El páramo que se intuye en su niebla desbocada, los árboles que se doblan. Entonces con ese panorama, con una luz tenue de frío y vaho en resoplidos gemidos, imagina que ese árbol-función-cuerpos que era Michael y yo, pequeños titanes “muriendo”… Imagina ese movimiento, ese vapor y, al mismo, al mismísimo tiempo, unas pieles que se aposentan, se sedimentan. ¿Una vela que se derrite? No sé. Pero ahí no termina, my sweet Gauge: sigue: ese cuerpo que se derrite expulsa un humo que forma bichitos, los aros, los gusanos, los ojitos traslúcidos, las lenguas, algunas láminas o pétalos, cáscaras, imagínalo. Me pierdo un poco… pero, ay… Escribí un pequeño poema:
el sexo nos duplica el cuerpo
me muerdo para que algún poder milenario que reposa en mi raza
forme un cuerpo desde mi cuerpo
te pasa lo mismo, Michael
el cielo boyaco nos dibuja bellas lagunas en las piernas
en la punta de nuestros penes han crecido algunas flores aceitosas
estamos dispuestos a morir
no sabemos si todo lo que tiene que ver con sangre y deseo, tiene que ver también con la guerra
seguro no
imagina el futuro
nuestros cuerpos saliendo como espinas o pequeños parásitos
de otros cuerpos más grandes
mientras humean
mientras se evaporan junto al páramo
