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Tuve un sueño extraño. Me alejo de la línea de producción casera para contarte esto. Más cartas que nunca llegarán a su destinatario. Esto me hace pensar en que cada vez que te escribo a ti, o a Eliza, o a Gianni, y no entrego las cartas, los doy por muertos. Bueno, Eliza, la saltamontes, sí está muerta. Algún día te contaré más de ella. Hace frío afuera. El mar Pacífico invade la tierra hasta bien adentro, sobrepasando el límite grueso de la playa, lamiendo la playa, borrando huellas y dejando cuerpos o escombros microscópicos. Los Ángeles se alza a lo lejos como un gran conjunto de coristas que se aman en secreto por última vez… (We once had a time, etc.). El sol no es ese recorte hiperreal que se adivina en los videojuegos, sino una cosa terrible que parece mirar —ahora— directamente a mis ojos.

El sueño surgió mientras estaba descansando de una escena. Estaba grabando una sencilla escena donde me cambio de ropa frente a la cámara, como si tratara de seducir a una joven que, sentada frente a mí, se excita más con mi cuerpo + diferentes tipos de vestimenta, que con mi cuerpo teniendo sexo. De hecho, ese fue el pedido de una cliente: “Por favor, haz un video donde te pongas varios tipos de ropa sexy”. Luego hizo una lista de sugerencias que sirvió para entender a qué se refería con “ropa sexy”: uno de los vestidos que usé era una bata de baño abierta por la mitad; that kind of stuff. Mientras le hablaba a la cámara usando la bata, me entraron muchas ganas de orinar, entonces terminé el diálogo, corté el video y fui al baño. Cuando oriné, sentí mucha hambre, entonces me dirigí a la cocina. Saqué un poco de avena con agua fría y comencé a comer. Comía, supongo, perdida en el plato, porque estaba como vacía de pensamientos cuando de repente comencé a ver toda la escena que soñé, comencé a perderme de a pocos en el sueño que te voy a contar y que creo que ya había soñado y volvió como una especie de latigazo, de agua empozada que de repente tiembla y brilla bajo mi rostro, como un flash-back misterioso de algo que no sabía que había vivido y visto. Lo siguiente, una vez terminado el sueño o la alucinación, fue ver el plato amarillo de porcelana con residuos de avena húmeda, mi mano sosteniendo la cuchara, y yo respirando con fuerza. Anoté inmediatamente todo lo que pude en el celular. Luego calculé por la hora de la grabación cuánto me demoré comiendo y no pudieron pasar más de 8 minutos. Luego vine acá a contártelo.

En el sueño yo era un eunuco. Mi cabello era largo, como en mi infancia, seguía teniendo mis tatuajes, rezaba de vez en cuando en pequeños altares móviles armados en casas rodantes. No sé si en Roma creciste cerca de casas rodantes, o si son tan comunes como acá. Acá a todos nos pertenece esta imagen de la casa rodante y la carretera: son la verdad de la american way, you know? Es decir: somos en tanto imaginamos nuestras vidas en casas rodantes y carreteras. Y era en una de estas casas rodantes, una Ford Camper, en la que reposaba una especie de altar cuyo ídolo adorado era un cuadro negro de bordes violáceos brillantes, como si detrás del cuadro negro hubiera tubos de neón. Todo muy decorativo y con un olor muy fuerte a canela y tomillo. Y yo estaba ahí, arrodillada (¿arrodillado?, porque no sentía propiamente una consciencia generada, sino la inmediatez de un cuerpo eunuco), orando (pensando en nada) durante el sueño. Mientras, la Ford se conducía sola hacia ningún sitio (ésta era la sensación, de total incoherencia entre la función de una casa rodante y su funcionamiento, mi cuerpo entregado a una “castidad” o “virginidad” tranquila, qué sé yo). Estar ahí prosternada, ahora lo pienso, era como sentirme rodeada de gente haciendo lo mismo. Casi era horrible. Supongo que esto tiene que ver un poco con las mezquitas que veía de niña. Espiaba de vez en cuando el culto, las extensiones de gente. Tenía una amiga en Cleveland, y vivía cerca de una de estas mezquitas, ¿sabes? Varias veces nos alejaron de la mezquita, siempre muy amablemente. Era algo loco de ver, atemorizante y encantador, tho. Era la sensación de que estaban adorando algo que de verdad no podía tener rostro y eso los forzaba a ellos a verse idénticos ahí prosternados, a asumir un rostro común que sólo puede ser monstruoso. Alguna cosa así…  Y, vamos, yo era una niñita de unos 8 años y me enseñaron desde muy temprana edad que los monstruos sólo pueden ser peligrosos. Pero bueno… mejor no me distraigo. Alguien tocaba la puerta, aunque el carro iba andando. Y yo con toda naturalidad me levantaba, sintiendo que al pararme un vacío en mi panza succionaba aire que se revolvía dentro mío. Al abrir la puerta, aparecía una chica con un tatuaje de araña en la frente, cerca de la sien, y me decía inmediatamente “Me llamo como tú, pero no soy tú. Soy el momento en que se termina de cerrar una puerta que se abrió contigo”. Puedo transcribir esta frase exacta porque la nitidez del sueño era espeluznante por momentos. Neblina-sueño-neblina-sueño-camino. Era un recorrido similar a caminar en una meseta neblinosa, era un sueño de páramo, como me dice Rodri.

Apenas me desperté, anoté cuanto pude, febril, mordiéndome los labios, saboreando un gusto ferroso de sangre o canela (¿canela que sabe a hierro? wtf?). Aquí van otros fragmentos de la conversación que a continuación se formó entre mi figura y la de esta chica-profeta:

1. El pensamiento es quizá la clave para preguntarse si existe o no un afuera y un adentro. Y no concibo que el pensamiento tenga dueño. Éste regresa a nosotras como intensidad, enmarcando nuestro cuerpo como una sombra granulosa, deshaciéndolo, dejando una suerte de espuma que escribe o se inscribe: acción de registro. Por eso la identidad no debe importarte, chica. Quizá lo importante es darte cuenta de que, si insisten mucho con que existe un afuera y un adentro, te quieren meter miedo, y quien te quiere meter miedo, quiere tener poder sobre ti. El afuera es material. Es decir: el afuera es como una pepa rocosa de donde brotan fantasmas, pero además es también algo radicalmente distinto a esto. Entonces, con el miedo enquistado en ti, te tratarán como una niña idiota, te obligarán a hacer de tu vida un gran colegio carcelario. Deberás dar siempre explicaciones y querrán que las cosas que hagas, que grabes, que registres, sean siempre para “dar explicaciones”, para “programar un futuro respetable”. Y te harás dura y seca, te llenarás de recuerdos espantosos y deformados de cada amor, de cada cielo visto, de cada lugar y hecho. Las imágenes te solidificarán; sus imágenes te solidificarán. El Gobierno de este mundo es un management de las imágenes. Pero huélelo: no eres las imágenes. La piedra de toque es el cuerpo, el cuerpo en relación a las cosas. Para este mundo gobernado por las imágenes y la información, gobernado por el odio al cuerpo, sólo habrá un gran rito del hartazgo y el tedio y el horror. Podrán saber cuándo te excitas, cómo lo haces, en qué momentos has mentido, qué sueños rompen la continuidad de tus días y nada, absolutamente nada, será libre del horror de tus imágenes y el gobierno del mundo de la muerte. El problema no es la mentira, el problema es que no sustentes tus mentiras, que éstas escondan tus movimientos más “peligrosos”. El problema es que toques de nuevo tu cuerpo y los cuerpos infinitos que ensueñan y vibran, la materia soñadora.

2. Por eso dejamos de pensar, Gauge; para que el pensamiento aparezca, se exprese. Pero “dejar de pensar” no es lo que te imaginas. No es ejercer, sobre nosotras y nuestra cercanía, algún tipo de continuidad gnóstica, como si asistiéramos a una sesión de exorcismo. Ni una suspensión del pensamiento, ni la meditación burda. Estas sesiones son en tanto cenáculo, y no tienen validez fuera de ello. Tiene más bien que ver con los momentos en que eres espuma y reconoces que aquella que aparece en la pantalla de tu pc no eres tú, y que quienes creen profundamente que ésa eres tú están siendo absorbidos. Esto quiere decir que hay momenticos en que no eres nada, pero esto quiere decir que la mayoría del tiempo: o eres cómplice o eres idiota o eres una espía. Esto quiere decir que tiendes tus ojos y tus manos y tus lenguas y tus pieles ante lo que te rodea y escuchas las voces terribles de las cosas. Y a ti te gusta Attack on Titan, niña; recuerda la realidad de Ymir y las imágenes que proyectaron de ella sus esclavistas: la volvieron madre y bruja, pero la esclavizaron y explotaron. Sus imágenes eran la excusa de la guerra. Las imágenes que de ella surgieron y se esparcieron. La pornografía de Internet es el lado oscuro (o la zona gris) de un pesado y computarizado modo de producción económica, un efecto paralelo que sufrimos por la energía que nos es coaptada por las máquinas digitales en esta revolución post-fordista. Su modelo de producción es el modelo religioso eldiano. Ymir es nuestra hermana, recuérdalo. Ymir no es la imagen de Ymir. Ymir y el Búho murieron por sus imágenes, recuerda al Búho el espía. Los espías se mueven por las sombras, como ninjas o como mártires. Recuerda que la historia hará de ti un mártir, recuerda que Ymir no hizo un pacto con un demonio, cayó hacia un lago oscuro y conoció la vida brutal de lo no-humano. Recuerda que el Búho mató para mantener su camuflaje de imágenes y ese horror no puedes deseárselo a nadie, es horrible desear este martirio santo.

3. ¿Has hablado últimamente cuando te grabas? ¿Has conversado de verdad? ¿Has escuchado atentamente lo que difícilmente se desea callar, pero de todos modos permanece callado?

4. Cuando te levantas cada mañana a revisar los correos de los clientes, a programar rápidamente los guiones luego y a grabar y editar, ejecutas un rito cuyo dios definitivo es el Caos. Haces una y otra película porno sólo para huir del porno, para destruir aquel rostro sagrado y enorme del porno; para acumular algo de energía. Ya que lo que el Poder desea por nosotros no es más que la versión reificada del deseo, pues se presenta a sí mismo como libre de toda influencia, inocente y puro, pero seductor, terriblemente personificado. Un poder que necesita de tus fuerzas exteriorizadas, que te usa como su sistema inmune. Las figuras humanas son ideales para este tipo de deseo: el Tío Sam, la Ymir mítica (no la real) por ejemplo. Y realizar un “complot” al porno significa desintegrar la mercancía y la farmacéutica pornográfica para liberar o permitir la aparición de nuestro pensamiento libre.

5. Sólo podré cantar una canción en mi vida, y será para morir.

6. No sé si podamos ser reducidas a meros signos, como temes. Por eso pienso tanto en nuestra inclinación por fabular, por inventar historias ridículas desde niñas.

7. Yo te conoceré luego de tu muerte física, a través de tus imágenes, tus textos y los textos que se escribirán sobre tus textos. Así también pasará con la segunda de tu dinastía. Seremos solamente una constelación que brilla en el cielo de las mentes. Sólo conoceré de ti aquello que estos escombros permitan. No tu cuerpo, no lo que sos incansable. Algo como un rastro de una liebre entre un incendio, el río en el corazón de las piedras, una ventana donde el atardecer revienta… tantas cosas… cosas que tampoco son este discurso…

8. Entonces es demasiado complicado vaciar todo el contenido de las imágenes. ¿Qué contenido es el de las imágenes, además? ¿Esto significa dejarlas existir? Porque las imágenes cristalizan energía, tiempo, deseo, pero también son susceptibles a ser usadas continuamente. Y vivimos en un mundo que produce de manera autónoma imágenes de nosotras. Luego estas imágenes a su vez producirán tiempo y deseo. Comentarán las imágenes, como si Facebook fuera la realidad total. Todo terminará a su vez transformado en data que acumularán algunas empresas, algunos sujetos y serán energía e inteligencia de sí misma, realidad exterior, un alien que nos toca y horroriza y encanta. 

9. Por esto, amiga, no me interesa nada más que esta suciedad y aberración en las cosas. Sin esta incoherencia, los más “dignos” de pensamiento, que son aquellos que quieren privatizarlo, ganarían la batalla, purificando los espacios sociales: creando campos de concentración, módulos industriales de muerte.

10. Hay un viejito que cree que, en contraposición a la tendencia hacia lo absoluto, la plenitud, la Verdad, Dios, la Madurez Total, la pornografía manifiesta otro objetivo de la raza. Es un objetivo claramente más secreto, hasta “ilegal”: la necesidad de No-acabado, de la Imperfección, de la Juventud. Este viejito que conocí en sueños no hablaba de estas películas que nos quieren comer, sino de otras películas que fueran como inundaciones. De verdad era un romántico, ¿no crees? Yo le dije: el porno no debe ser más como un espejo.

 

Sin duda me parece que algunas cosas quedan incompletas, que vibran entre las sentencias de esta chica algunas palabras no dichas. No podré engañarte; esto tiene mucho de falso decálogo. Es como haber sido infectada por the land of Ooo (aka. The World of BMO… jijiji, ¿viste el primer capítulo de Distand Lands?). Me queda una gran pregunta insistiendo: ¿y el cuerpo —incluso como una cosa ahí— qué? ¿Por qué la insistencia en que el pensamiento limite la aparición material del cuerpo, sus posibilidades en el tiempo? ¿Qué harás, decaloguista fantasma, con los huesos [las imágenes como huesos] de mi cuerpo? La oscilación entre código religioso, literario, y un código interior sin forma ni cátedra. Luego de la charla, me asomé a la ventana de la Ford, y una nube carmín con pequeños destellos blancos rodeada la casa rodante. Cuando me di cuenta, la chica con el tatuaje en la frente ya no estaba y yo me sentía nuevamente como casi siempre me siento fuera de los sueños, un animalito discreto y sin crías que le gusta verse en un espejo y escribir cosas para las amigas.

Salí de la casa rodante y me choqué con dos personas disfrazadas, una de oso hormiguero y otra de jaguar. De la nada apareció la chica del tatuaje de araña (de nuevo) y se paró a mi lado a ver la pelea que se dio entre las disfrazadas. En algún momento se quitaron las máscaras, mostrando los rostros: el oso hormiguero eras tú y Eliza eras el jaguar. Me miraban mientras yo me sentaba en las gradas de la Ford Camper, muy cansada de repente. La chica del tatuaje iba hacia los dos, que aún sostenían sus máscaras animales entre las manos. Y ahí se acaba o hasta ahí recuerdo.

Estando a punto de terminar esta carta, he decidido que no volveré a grabar un video porno, aunque estoy casi segura que esto no es lo que se supone que debo hacer. De repente, me siento asustada, con el cuerpo vibrante de energía y sin hogar.