La navidad ya no vale tanto. Sólo una pequeñísima comunidad de tías y tíos que celebran con nostalgia un tiempo ahumado de religión. Ni siquiera importa el rito de herencia católica o, mejor, pagano-cristiana del nacimiento del niño sol o, mejor, del niño estrella. Se reúnen, estoy aquí con mi “tía”; así se le llama a la iniciadora que te introduce en la secta, en sus “magias y misterios”.
