el fucking problema es que la forma del deseo tenga que ser necesariamente pornográfica, por eso es mejor pensarlo como tipo de registro y no como expresión, no sé
en la oscuridad del cuarto también vivimos nuestra pornografía, la registramos a veces con muchísimo dolor, sin querer nunca la plusvalía, sin querer que las amenas liras del canto de sirenas o carne → trozos de calor o la ciudad vibrando mínimamente, temblando en las yemas de los dedos de los pies y de las manos, debilitando de a pocos los órganos internos, es que hay momentos en que no podemos imaginar el cuerpo amado y ese olor que desprende nuestra piel, en esos momentos altos de intensidad, ¿qué queda de nosotros?
¿por qué tengo que venderte mis manos y mi lengua y sobre todo sus lamidas, sus tristes lamidas o los entrecerramientos de labios y pulsiones alrededor del cuello, momentos en que tú y yo nos desmayamos acostados a la orilla de la calle?, nuestra casa es una orilla en la calle, armonías de volúmenes dispuestos sobre un campo activo de formaciones en red, porque sos como una araña reposando en una esquina de mi mirada, no, no, no, no, basta con este lirismo de escuela secundaria privada, con esta debilidad o desesperación
al fondo estamos aún tú y yo y ellos y nosotras y largas filas de musgo cargado de agua sobre el que volcamos la boca para sobrevivir a este desierto, compraste pan, robé unos condones porque no hay nada más aterrador que la sola idea de quedar embarazada, o sí: la idea de que ésa es la única vía
rema en este pequeño monte de goce programado en nuestras manos, tus ojos perdidos en la cerveza paramilitar de nuestros antepasados
recuerda que no ganaremos, pero tendremos en nuestro poder los gustos de la insubordinación, la tranquilidad de no participar en la historia sino en el terror humano gracias a que podemos pronunciar algo como “no sé cuánto te amo, pero no logro despertarme sin amar”, o algo así inevitablemente cursi
resguardas (resguardo) el interior de tus muslos para tatuajes y mordidas y besos-lamidas
crece papa en tus pestañas y arden debajo de tus ojos sus flores, y mis dedos se vuelven pequeños gajos de mandarina que encajan en tu vulva en tu ano en tu boca en mi vagina mi lengua desatada de mi boca perfecta en mi boca para ambas
y si lees esto no hagas como Enrique (aquel bello poeta) que siguió la figura del lector “hembra frustrada”, piensa en tu ano, en la riqueza de tus cavidades, en la virtualidad del goce subyacente a todo cuerpo-en-red
