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la idea es “sencilla”: fusionar Roberte, esta noche, de Klossowski, y Hustler White, de LaBruce y Castro. Incluso podrían agregarse elementos de La vocación suspendida, ¿no crees? Ese asunto de rodear aquello que deseas sin tocarlo, o tocarlo indirectamente… algo como una perla oscura que vibra y ondula, moviéndose, mientras alrededor de ella estamos mirándonos, tejiendo pequeñas enredaderas con mucho cuidado, con calma, algo como el completo encuentro amoroso de un cristiano reportero y un joven hustler ateo, y un monasterio cuyo núcleo es un jacuzzi y unos bóxer rotos y el cuerpo hermoso del joven y su sangre, y la plata que rodea el monasterio que también es un hotel donde se lleva a cabo un encuentro de cronistas sexuales de L. A., mientras el sobrino del cristiano reportero ama en secreto al joven hustler ateo y lo espía mientras hace ejercicio, mientras escucha de muñones santos que entran en anos dispuestos (como analogías al amor de cristo), mientras recuerda las luces pesadas del monasterio colándose entre las telas tiesas del hábito, mientras oye historias de los cronistas sexuales, historias de la Movida, de las culture wars, de los salones de belleza en el D. F. y en algunas provincias colombianas, la historia de la chica que se llamaba ABCDEFGHIJKLMNÑOPQRSTUVWXYZ y su “tumba de neón en el corazón de la Bogotá que todos llevamos dentro”, le dicen al sobrino del cristiano reportero que baila en la playa mientras mira el hotel-monasterio seguir su curso como faro y como castillo y como peaje, la falsa muerte del joven hustler, que revive en brazos de su amado mientras el sol se vuelve el sonido fresco del mar del Pacífico, lamiendo la cercanía de una choza donde vive una trans furiosa como un volcán