en algunas esquinas seguimos chupando penes, escapándonos de los hogares, buscando en la boca y la voz oscura de los hombres nuestra voz, entonces entregamos el vientre y el culo y seguimos en busca del fin de este mundo de mierda, entre el vapor típico o entre la niebla, algunos me dicen “chico, eres NIEBLA”, “te llamas niebla” entonces salgo a llamar por teléfono a mi familia, a algunos amigos, les cuento de la vez en que ese profesor de comunicación social de la universidad equis me llevó a la casa de un amigo en común y procedimos a cortarnos tenderly, softly, comenzamos luego a apretar nuestras extremidades con anillos de goma, pensando en que el futuro era nuestro solamente, porque el futuro sólo es muerte, y luego nos poníamos ropa blanca y dejábamos que exiguas gotas de sangre florearan, bloom up, porque estas telas eran los mapas de la guerra, fronteras, playas donde el mar encontraba sus milésimos gestos sexuales, sus anatomías fractales, sus cuerpos en caminatas, mientras volvíamos a la ciudad, sobre todo en la parte blanca de la ciudad, colonial a cal y canto, como dicen, y comenzábamos a empujarnos a jugar, como polillas en medio de una noche artificial, a manchar con nuestras flores de sangre las paredes blancas de la ciudad, hacerlas partícipes de este mareo, de esta instauración radical de un mapa de sangre en las pantallas urbanas y la gente se escandalizaba y nosotros nos reíamos o nos escondíamos, el profesor era viejo y con rostro de idiota, pero amable, nos contaba cómo la u donde trabajaba apareció de la nada, cómo llegó a él una invitación especial para ser profesor de comunicación social y luego la visita de un man al que le decían “el coronel”, que tenía mucha plata y mucha ambición, prometió presentárnoslo, mi amigo y yo somos aún jóvenes, o así me siento, entre los bombillos apagados nos vemos avanzar hacia la vejez sin mucho pudor, sabemos que el dolor llegará en su momento, lo reconocemos en el rostro del profe, entonces sentíamos que algo de mártires o de epidemia teníamos debajo de la piel, corte a corte, caminos que descalzos y con los pies calientes recorríamos, con las risas calientes, con las manos suaves, with the caos rising up en nuestras bocas singing the end of this motherfucking world, the large and faint, dim gesture of this love, porque aprendimos a amar la calle, a disolver la fecalidad de la calle antes de enterarnos exactamente qué estábamos mirando y sintiendo, porque la muerte está en los ojos, lo sabes cuando te han intentado matar, incluso cuando por milésimas, instantes fugacísimos de sexo y violencia, ves a tu amante y tiene en sus ojos a la muerte, sus dientes, su piel, sus dedos te quieren matar por intervalos demasiado cortos que no son suficientes para que tu amante se convierta en asesino, como hipos microscópicos, infradelgados, que hacen, de verdad, que tu amante sea un amante y que su dolor tenga también el rostro de su deseo y el sexo con él sea como ser una mujer hermosa que camina enamorada por la ciudad, tan cerca del crimen, de caerte a un hueco, no sabes, te lo juro, si eres tú quien caerá o es el primer hijodeputa que se te cruce a dañarte el buen ánimo, the fresh air with wich you wake up and soap and clean all of your body, inside, outside, ¿qué es esta sensación de no estar en ninguno de nosotros dos?, pienso, pienso en el amante, en el juego de la sangre, en los espacios cerezos y sombras entre mi piel y mis músculos, en el pecho del profesor, que es un jardín que se seca con gracia y horror, porque la culpa nos hace malas personas, las iglesias cortan nuestra blancura con sus bordes, sus barrotes y sus cárceles de obsidiana y oro, oh god, ¿dónde está tu feminidad enclaustrada?, ¿qué momias has tatuado en el interior de tus labios para poder besarnos?, nos besabas de niños, cuando no sabíamos cómo más podía destruirse nuestra presencia en los barrios polvorientos o lujosos en los que crecen algunas conocidas, algunos pequeños niños que sólo desean el gran mercado de tu adultez y no tu amor oscuro, tu amor de sol entre la barba del sol negro de estos días, polillas y días sanguíneos entre la barba de este sol negro que recorre como procesión de muerte gloriosa y dorada las calles de mi ciudad, como polvo y procesión, como polvos, como cremas, como el cabello que cae sobre los andenes con el olor de nuestros conocidos, con sus vestidos largos y apretados, con sus piernas delicadas o resistentes, los almuerzos entre risas, ocultos en las galerías de nuestras madres, entre los jugos y las frutas, entre la piel que va como una llorona, soltando su dolor, sufriendo la condena de ser madre culposa, de todo esto tenemos mucho por enseñar, pero algo aprendimos esta jornada de comunicación social, sonrisas y sangre, pero a veces sí tenemos muy poco, porque somos nuestras propias zancadillas, nuestra propia rama sacudida y despido…
