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la economía es un desbarrancadero, un desliz de tierra que cae sobre las casas a las afueras

casas dispuestas al afán que parecen también morir con afán

y ciertamente esto es doloroso

porque en el centro de la ciudad, las casas están a salvo de la montaña, del derrumbe, pero no a salvo de la proliferación de oficinas de entretención sexual

me contrataron para rediseñar el interior de una casa antigua en el sector histórico

todavía tenía pisos de madera; una madera vieja y crujiente y opaca y oscura, sin esmalte, que sostenía mi cuerpo como un puente en apariencia sólido, pero de verdad a punto de caer

mientras caminaba, observaba los cambios ya efectuados: las grandes estancias de la casona habían sido parcelados para originar pequeñas piezas de 3 metros cuadrados donde el o la modelo se recostaba en su cama, frente a la cámara y unas luces de trípode, a ofrecer sus servicios y sus imágenes vía internet

esas parcelas eran recubiertas por espuma acústica para que el sonido no se filtrara entre sesión y sesión, incomodando a los y las trabajadoras (la mayoría, por supuesto, eran chicas)

las piezas me recordaron instintivamente mi paso por la universidad, pues yo viví en piezas parecidas (en las que sí se filtraba toda la bulla vecina), en un continuo divagar entre residencias universitarias que rodeaban al campus

para alguien que estudiaba arquitectura, que iniciaba su vida sexual, que se daba de vez en cuando la libertad de llegar borracha a casa, estas residencias eran una tortura en el orgullo seudo-burgués que heredé de mi familia

pero a diferencia de las residencias donde viví como universitaria, en esta casa de web-camers cada pieza era vigilada, tenía instala un par de cámaras de un circuito cerrado que vigilaba un chico de unos 28 años en una sala de estar al fondo de la casa, justo al lado de la cocina, aún amplia y enchapada a la antigua

a veces el chico de 28 años era reemplazado por una señora de pelo rojo y grandes senos que daba la impresión de tener 45 y 22 y 60 años a la vez, muy sonriente y alegre

era la matrona del sitio

fue ella quien me dijo lo que tenía que hacer: me llevó a un patio trasero hermoso y espeso

tenía un papayo, un limonero, un naranjo, algunas matas de manzanilla y limoncillo, incluso vi una mata de coca… era un patio trasero enorme, una huerta

la matrona, con una voz de niña primípara, me dijo que todo ese terreno había que convertirlo en más habitaciones

mi jefe había ganado mucho dinero con el proyecto del interior de la casa y la señora parece que también

porque mientras todo se despeñaba afuera, el sexo era llevado a cuajar sus medios de producción, a institucionalizar sus espacios de trabajo y su ejecución

mientras hacía el levantamiento del terreno, el sol me quemaba la nuca y yo escuchaba cómo los carros pasaban afuera de la casa

pensaba que esta era la “magia” de esta industria: la fachada de la casa no iba a ser tocada, ¡sobre la huerta debíamos poner un techo de tejas de barro!, el silencio exterior, como un aura con un brillo tranquilo y tenue, daba a la casa un aire de museo cerrado, de vieja gloria residencial, de dignidad, pues parecía resistir demasiado bien al tiempo brutal de este trópico, sin mayores problemas, enlutando las ventanas de la fachada con unas cortinas blancas de croché que daban la sensación de que adentro seguramente algún hombre viejo leía a Balzac u oía la radio mientras su esposa, arrugada y agotada, le pasaba un tinto cargado y muy dulce

“este es el futuro que nos espera”: no sé si esto lo pensé o lo dijo la señora-niña alegre que de vez en cuando se asomaba a la huerta mientras yo hacía el levantamiento y me llevaba un jugo de naranja o algunas galletas de soda con mantequilla y mermelada

seguramente vendrá el Estado a reclamar su porción de tanta riqueza, a confirmar que el mundo es de los inversores y que Él es su parásito principal y más distinguido

¿la señora me dijo su nombre?, ¿el joven que vigilaba las cámaras me dijo su nombre?, ¿vi a alguien salir de las piezas?, ¿me dieron la clave del wi-fi?

mientras los bordes son extinguidos y viven sus apocalipsis, sus progresivos enmudecimientos, en el centro brotan parcelitas entre las grietas

dueñas de nosotras mismas, ¿qué nos quedará más que nuestro cuerpo y sus imágenes?, ¿por qué es tan deseable este mercado?, la verdad no lo entiendo, aunque me digan que daah, obvio es deseable porque es sexo, ¿no?

me tomaba un juguito de naranja al cuarto día de levantamiento y salió una chica alta y morena de una habitación

estaba desnuda y caminaba con tranquilidad

me saludó, se sirvió un tinto frío y se sentó conmigo en la mesa

hablamos un poco y le dije que no había visto a nadie más que al chico, que permanecía mudo frente a los computadores, a la señora-niña (la chica se rio cuando dije eso) y a ella

tenía muchas preguntas, pero no pude hacerle ninguna

ella me preguntó qué hacía ahí, qué era un levantamiento, para qué iban a remodelar, qué había estudiado

me escuchaba con una cara plácida mientras tomaba a pequeños sorbos el tinto frío, como si estuviera hirviendo

no me sentía incómoda ni extraña frente a ella, aunque estuviera desnuda… de hecho, ni siquiera pensaba en eso; sólo miraba su rostro, oía sus pequeñas intervenciones y seguía respondiendo sus preguntas

en un momento me dijo que había sido un gusto, que tenía que seguir trabajando y volvió a la oficina dejando el pocillo vacío en el fregadero de la cocina

yo aún no había acabado mi jugo, entonces me mandé lo que quedaba de un sorbo y lavé el vaso y el pocillo y los puse bocabajo en el mesón junto al fregadero

el sol entraba con violencia por las ventanas de la cocina y bañaban en luz los dos vasos bocabajo, casi que enmarcándolos