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ELLA mira la venta. El cielo está oscuro a lo lejos. El aguacero pasó levantando un vaho desde la tierra. Pequeños espejos, miles y miles, quedan flotando en el aire, como pequeñas láminas de pan que ELLA desea atravesar. Baja a la calle. A su espalda un retrato de ella observa. Camina. Tiene una especie de overol de tela ligera, fresca, blanca. El overol no cubre gran parte de su espalda que se mueve blandamente mientras ELLA camina a paso acelerado. A lo lejos se escuchan pasos de manadas de animales que no se muestran. Las flores vibran aún por el aguacero. Goticas y goticas producen un pequeñísimo estruendo. ELLA mira el suelo imaginando mundos minúsculos que se destruyen y reinician a su paso. Está descalza. Llega al río que libera espuma, agitado. Se desnuda. Sus senos son dos conformaciones más o menos gaseosas bajo la luz de la tarde. Su cuerpo bajo el agua se deforma y ondula monstruosamente, sin dolor. El agua entra en ella como un sonidito sutil y lento. Se toca los senos, el pubis, acaricia lentamente su vagina sonriendo. La ropa desaparece. Un gato o un perro o una danta o un tigrillo o un ave que de repente es como un ciempiés o una zarigüeya o un duende o una llamita se ha llevado la ropa.

La música podría ser de guitarras lupeadas. Mínimo reverb. Mínimo chorus. Una melodía en Em, saltos de quintas. Voz aguda. El panorama es solamente uno al que se llega en la huida. No hay nada cerca donde grabar y completar algo así, piensa Ana.

ELLA corre desnuda detrás de un animal que bien puede ser una pantera o un toro o una niña con rostro de pantera o un niño del color de la hoja de coca. El suelo se torna anaranjado. El sol se torna terroso. La piel de ELLA se torna límpida, afiebrada. Corre mojada. Comienza de nuevo a llover inesperadamente. El animal que también puede ser un árbol, que se mueve sin que lo noten, o una piedra que suena como un cascabel, se desvanece entre la pared de lluvia. ELLA queda sola en medio del aguacero.

Es absurdo que pensara que algo así es posible de grabar tan a la de dios, sin nada más que las ganas y un par de cámaras.

La imagen es borrosa. El ojo sin cuerpo que la ve, se convierte en un ojo lluvioso.