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Violeta lucía tranquila. Miró la mirada Ana como quien mira un fósforo arder. Las cámaras eran pequeños sapos mirando vibrar el agua de un pantano. Ana escuchó la voz de Violeta decirle que se fueran, que no había mucho que seguir haciendo. Pasos húmedos. Afuera, con el frío de Pasto trayendo polvo volcánico. Algunos vidrios rotos en los andenes reflejaban siluetas oscuras de Violeta y Ana. ¿Viniste acá a buscar a alguien, cierto? Ana miró a los ojos a Violeta y le dijo que sí: tanto horror inspira una a sus cercanas… La voz lo había dicho en un tono en que no se sabía muy si era una pregunta o una afirmación.