Hola, Martín:
Respondo tarde tu correo, perdón. Te agradezco muchísimo el interés y tus comentarios. De verdad es extraño saber el interés que suscita un producto como el mío. Bueno, me puse este nombre artístico porque llegué a conocer las pelis de una chica gringa llamada Gauge. Yo creía que era su nombre artístico, pero no; ella se llamaba así y así aparecía en los créditos. Creo que fue muy popular a principios de la segunda década del 2000. No sé cómo murió, no sé si sigue viva ni sé qué sucedió con ella luego del avance de la guerra. Me pareció que ponerme Gauge II era no sólo un homenaje, sino también una manera de repetir algunos de sus gestos. Entenderás entonces por qué decidí realizar ese montaje en Hielos, que tanto te interesó. Busqué mucha información sobre ella y logré encontrar en esos mercadillos de datos un back-up de lo que parece ser un blog que ella administró. Fue algo así como encontrar huesos en bloques de hielo. La gente les interesa el bloque de hielo con todo y hueso, para poder ofrecer un empaque al producto, asegurar su “estado”, ¿sabes? Gauge en el blog escribía cartas, notas de diarios, canciones (o poemas, no sé bien), reflexiones bastante llamativas sobre todo tipo de contenidos. Las más de las veces hablaba de pornografía. Otras veces hablaba de una chica llamada Elizabeth. Imprimí esas entradas de blog y las leo mucho. Si quieres, un día, las leemos juntxs. Te dejo una partecita que me gusta. No tiene nada que ver con porno, pero este es el anzuelo que te tiendo, jijiji. Otra cosa: las fotos que ella tomó y que al parecer también subió a este post no sobrevivieron ( ☹ ):
Desde que vivo en L. A. no había podido ir al Desierto de Mojave. El aire, ciertamente, es peligroso. Me han dicho que esta es una zona donde los conquistadores morían. Si venían a morir o se perdían atraídos por alguna fantasía, no me queda claro. Sólo me los imagino afiebrados, huyendo de sí mismos. Quizá su fantasía era la del Paraíso, como muchas veces a una le cuentan. El Paraíso está cerca al desierto, dice otra gente. Otra gente dice que el desierto es un sitio con árboles imaginarios. Los más directos dicen que la vida es un desierto, no se ponen con tanto misterio. La verdad, yo no sé.
Estuve cerca del Valle de la Muerte. Iba a ir con Gianni, pero se enfermó y decidí ir sola a pesar de sus reproches. Entonces decidí tomar muchas fotos para mostrárselas cuando regresara. Tenía la sensación de que, entre más tiempo pasaba en el desierto, poco a poco iba olvidando la existencia de las casas y de la gente. Siempre he estado rodeada de gente. Se mueven alrededor mío agitadas, siempre, como en vísperas de una ceremonia, de una misa, de un pequeño fin de año. El guía, un chicano de nombre Andy, me dijo que extraían mucho bórax del desierto. A veces usan el bórax para hacer jabones. ¿No te parece gracioso? Bañarse con ciertos jabones hechos con bórax del Valle de la Muerte… Bueno, también usan el bórax para muchas otras cosas más, como disolventes o detergentes. Estas cosas las vi en Wikipedia, Andy no me las contó.
Hay momentos en que el desierto es blanco como el ojo de un ciego, ojo que no te mira, pero que te atraviesa y encuentra en uno algo animal que ama el desierto, que toca y es tocado con gozo. Gianni, de verdad me da mucha pena que no hayas venido. Prometo volver contigo.
Andy me reconoció de alguna película. En un momento tenía los ojos idiotas de quien quiere sexo porque sí. Luego no aguanté y se lo dije. Él se disculpó. Había que tener claro todo, porque el grupo de gente que estábamos pasaríamos la noche en el desierto, y él seguía estando ahí, demasiado concentrado en sus propios ojos y en mí: ojos-cuerpo. En la noche, el frío es espantoso, como te imaginarás. Tu tos se hubiera vuelto insoportable. Tengo que contarle también a Rodri, que siempre habla de su “frío de páramo colombiano” con tanto orgullo. Fue en la noche cuando de nuevo Andy se me acercó. Estábamos al lado de la fogata unas chicas y yo, hablando de cómo nos había parecido el viaje. Bastante agradables ellas. Una se llama Lucía y me dio su número para salir a tomar algo. Él se acercó en silencio y nos escuchaba hablar, se reía en silencio cuando nosotras carcajeábamos por alguna broma. En un momento quedamos Lucía, Andy y yo. Lucía me preguntó a qué me dedicaba y le conté. Parecía bastante interesada. Ella se dedicaba a la ingeniería automotriz, según me explicó. Andy seguía callado. Lucía se fue a dormir. Andy y yo nos quedamos frente a la fogata. Una escena típica y bella, por supuesto. Él dijo en ese momento que cuando era niño se había perdido en el desierto. Nos quedamos callados. Antes de que yo abriera la boca para preguntarle más detalles me dijo que ahora yo lucía muy diferente. “Es lo que hace el desierto”, me dijo, misterioso él. Al punto de casi parecer ridículo. Decidí no burlarme. El desierto, de verdad, te apuntala. Yo pensaba que me iba a decir que en las pelis yo parecía otra, o algo; lo normi. “El desierto es una zona espesa que te toca gravemente y cambia la forma de tu cuerpo”, dijo. Yo lo miré a los ojos y decidí creerle. Era bastante joven. Parecía honesto. Lo último que dijo fue: “Cuando me llamaste la atención me di cuenta que yo estaba siendo muy grosero contigo. Discúlpame”. Pensé, quizá un poco infantilmente, que todas estas cosas realmente no le interesaban al desierto.
No pude decir nada, por supuesto. Al ratico me fui a dormir. Escuché algunos grillos cantar, como si su sonido cayera cual meteoritos, delgaditos y brillantes como la luna:
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¿Qué te pareció? Bonito, ¿no? Según el código HTML, el final se perdió junto con las fotos que le mostró a su amigo Gianni, pero a mí me parece que no le falta nada, que es perfecto así. Que parece hecho para terminar así. Qué suerte.
