El Club funciona como una pequeña red con una tendencia al cierre, donde se producen y ponen en circulación imágenes pornográficas. La gran mayoría hechas íntegramente por quienes participamos del Club. Raras veces, es decir, en ocasiones especiales (las Noches de Ingreso), se proyectan, especulan y planea la producción de material que no protagonizamos o grabamos necesariamente quienes pertenecemos al Club. Sin embargo, este material queda íntegramente para el consumo privado del cuerpo colectivo. Nunca nadie ha traicionado este pacto.
El Club se hizo a partir de las conceptualizaciones de una economía plenamente no-libidinal, encontradas y luego desarrolladas principalmente por mí y por algunas personas cercanas. Cuando encontré los textos de Robert en los repositorios móviles, me dediqué a estudiar los problemas y a buscar entre las bibliotecas y mercados móviles todo el material referenciado. Internet fue de ayuda, en la medida en que podía usarla antes de la instalación de los Peajes y las presiones fronterizas que disminuyeron hace algunos años el paso de caravanas.
Sé que hay, al menos, dos colectivos similares a nuestro Club en territorios más o menos cercanos. Uno se llama Zzzfffmmmbbbyyy, y lo coordina una chica llamada Gabriella que nació en Nuevo Nuevo México y tiene, creo, mi misma edad. De este grupo no sé mucho. Sé que Gabriella está relacionada con cierto movimiento anarcofeminista que tomó mucha fuerza luego de los conflictos en el desierto de Sonora. Leí algunos de sus textos en alguna biblioteca móvil hace unos 12 años, maso.
El otro nació en la Guaca Maracai. Se llama Desierto Prodigioso; sus activos afiliados se hacen llamar desertistas, aunque tengo entendido que la gente los llama “prodis”. Son casi una secta, con algunas características más… llamémoslas… “intensivas”. Por ejemplo, no sólo conciben que las imágenes pornográficas del colectivo son de su único uso casi ritual, sino que además conviven en una relación abierta de compañerismo sexual y afectivo. Algo muy curioso es que todas las personas de la secta son estériles (ya sea por cualidad genética, que son la minoría, o por “cualidad aprehendida”, como dicen). Es decir, no se reproducen. Hay pocos niños, pocas niñas, a quienes introducen lentamente en sus prácticas de consumo de imágenes pornográficas y en la vida sexual. Alguna gente que conocí antes de los Bloqueos y los Peajes, me decían que la ceremonia de pérdida de la virginidad la vivían niños y niñas a los 16 años, otros me dijeron que a los 17, a los 18, e incluso hubo alguien que me dijo que a los 13. Viven en una especie de colonia en la Parroquia Cecilio Acosta, ocupas del viejo Complejo (Deportivo) Niños Cantores. Tienen algunas casonas donde están instalados los estudios de grabación. Me mostraron hace unos años una foto impresa en una vieja risográfica (a 4 tintas; hermosa) de un grupo transfronterizo de Ecuador. En la foto se veía el estadio y al lado unas casas levantadas en ladrillo, polvorientas, donde supuestamente funcionaban estos estudios colectivos. La chica que me mostró la foto iba para Maracaibo a conocer la comunidad. Se llamaba Juliana y estaba investigando a los “prodis”. Ella me rotó algunos de los primeros documentos escritos por Robert que leí, incluso antes de que ingresara a su sistema y comenzara a sentir más o menos de qué iba todo ese asunto de la violencia, las actividades parasitarias y las imágenes. Ella tenía la teoría de que la secta del Desierto Prodigioso había sido comenzada, en parte, por un chico del Cauca pre-guacas que había leído y conocido al mismo Robert (quizá esto ya era demasiado, pero se vale especular, ¿no?).
