DANIEL. El rostro entre las manos, casi sollozando: estoy triste, Gabriel, no entiendo cómo desaparece todo así… Daniel levanta la mirada dejando las manos abiertas, como una bandeja lista a recibir sus lágrimas. Siento que no aprendo nada
GABRIEL. Acariciando suavemente sus hombros desnudos: tranquilo, Dani… que alguito queda, ¿no ves que todo lo aprendemos chueco?
