Una de las voces le dijo a Martín, como si le susurrara: “Eso no estuvo bien”. Martín se quedó pasmado, intentando definir de dónde había surgido la voz. “No estuvo bien que grabaras de ese modo”. Martín se quedó callado, pensó un poco mirando alrededor de su cuarto: es imposible que sea alguna señal espía. “No soy un espía, como vos, pero tengo amigos espías”. La voz se rio. Sonido de aguacero. Las cosas se amarran a nosotros, respondiendo al contacto mutuo, así no queramos, yo sólo lo asumo activamente, dijo Martín como aceptando que realmente se trataba en un sueño. A veces somos nosotros quienes amarramos las cosas a nosotros. “Y esto no es un sueño”, dijo otra voz que realmente eran dos voces superpuestas. Martín de repente sintió como si se despertara del sueño al que recién había entrado con cierto cinismo. Esto no está bien, dijo. “Claro que no está bien, Martín”.
