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a golpes suaves como quien no quiere más que unos guantes negros que brillen por momentos como las cuerdas de una guitarra rota en el barranco rodando entre muelas y ojos apretados suave como cicatrices abriéndose despacio como lenguas que se ven como blandas esculturas de pulpa de sandía o penes amados y brillantes

somos algo así como caídas en el borde, por supuesto, resueltos en un remolino blancuzco como si licuáramos el mundo a patadas y muelazos

nada que hacer con el estómago más que vomitar que amamos algo dentro de algo de alimento que nunca será mierda

es como si el mundo suave entrara a gusto en nuestro cuerpo para reorganizar los nervios como si de repente la sandía se alimentara en su muerte del brillante cuchillazo de un dildo