Es posible que el fragmento que sigue a continuación haya sido parte de los famosos y conflictivos Escolios o Consideraciones que Pantoja escribió en las reediciones de su fanzine de Vidrodrome. Los temas y estilo del fragmento, realmente corto, si se toma como una pequeña unidad cerrada, es muy similar al citado en Gauge (entrada 3 de enero de 2021) donde habla un momento, en una nota al pie (anexada el 14 de marzo de ese mismo año), del inhumanismo y del material que su amigo Rodrigo trajo de Robert Pantoja. Estamos casi seguros que este fragmento es una parte de este escolio sobre el inhumanismo, o bien, una nota de trabajo del mismo trabajo. En todo caso, lo dejamos aquí para la lectura:
Quizá el asunto no sea sólo pensar lo humanista en un juego dialéctico de oposición. Antihumanismo vs. humanismo, etc. Algo hay de tramposo en el odio antihumanista, una veneración oscura. Si por un lado el humanismo consiste en implantar en la visión una red-de-humanos, es decir, convertir (a través de la conexión total) al humano en un complejo de multiplicidades que se unifican estérilmente. La configuración ésta es más o menos clara: la red impone un valor metafísico a un hecho que no es un hecho, sino un conjunto de contradicciones y devenires. Lo que no deja de ofrecer claridad es un infierno para nosotrxs, sujetxs parasitarios que vivimos sobre todo a partir de desconexiones momentáneas y de residuos. Entonces lo inhumano no plantea realmente una aniquilación, un proceso brutal de desterritorialización, ni siquiera una promesa poshumana, pues no le interesa bajo ninguna circunstancia el futuro, ni siquiera la utopía. En esto, la filosofía de la violencia es demandante, pues sólo pide una entrega cruel al presente en su característico y cada vez más angustiante proceso de actualización. Por supuesto esta actualización también produce un residuo: imágenes. Pero esto es un asunto aparte. Lo inhumano constituye el verdadero grado rizomático: pequeñas acumulaciones (vía parasitismo) que evitan la comunicación o la densifican (alteración de velocidad y fenómeno de producción de masa). En este caso ya hablo de un presente más o menos claro donde la violencia reclama aquello que el vitalismo apropió como fórmula ética: la acumulación alegre. Es decir: desintegra la pretensión alegre de los cuerpos por perseverar. En cambio, surge la angustia, pero también cierta calma de isla. Entonces en esta “soledad”, pero también en esta huida, la gente tiene una labor propia del abandono: poblarlo de actos y sus consecuentes (inevitables) imágenes. En este momento, la muerte para el humano será una marca sobre una cerámica de un rostro deformado. ¿Y qué vendrá con la muerte? La cerámica con el rostro es un talismán, un centro de gravedad que atrae parásitos no-humanos. Lo poshumano sigue siendo un humanismo cínico y, a mi gusto, demasiado optimista. El antihumanismo no reconoce el panorama, las operaciones o procesos por las cuales los cuerpos humanos colisionan, danzan y observan otros cuerpos no-humanos. A la cerámica con el rostro deformado grabado en ella se acercan tentáculos, carnes vibrantes, acciones que pasan por fases climáticas o de temperatura, pero son presencias orgánicas que, como hongos, transforman las responsabilidades humanas en otra vaina. El inhumanismo reconoce que la verdadera materialidad está desligada del correlacionismo más atroz, en el que el pensamiento (humano) teje horrorosamente todas las cosas. La idea es salir del amo/esclavo; del amo parasitando las cosas, del esclavo siendo tratado como una cosa sin agencia, sin ningún tipo de autonomía. Sobre la cerámica, como en una naturaleza muerta, pueblan bichos que, como en Adventure Time, son un acontecimiento de vida no-causal. En la serie animada, la vida de repente, en una suerte de animismo no-causal y terrible, coacciona el territorio, aparece casi como un “chiste de tío/tía”, un desliz (como diría Chepe), brincando ante los ojos de repente sorprendidos de la espectadora, del espectador. Quizá este sea uno de los ejemplos más claros del mundo inhumano: la Tierra de Ooo [the Land of Ooo], una tierra herida (la catástrofe que proporciona una nueva producción de imágenes, unos nuevos cuerpos con sus elementos constitutivos de repente subjetivados, con incongruencias siempre crueles que posibilitan la supervivencia de unxs pocxs). Una montaña no sólo es un complejo sistema de vida orgánica, sino también la posibilidad de una vida inorgánica, de una animicidad como la del mundo mágico de Adventure Time. Las sospechas sobre las montañas temblando respiratoriamente, prometiendo un cuerpo brutal que se levantaría del fondo y nos aplastaría (quizá) es, para el inhumanismo, una certeza más que poética. Por lo que tampoco se trata de borrar nuestro mundo (como si eso fuera posible). Nuestro humanismo acompasado y reinante no puede desaparecer, sino puesto en un orden inhumano, como cuando de un témpano de hielo, Finn y Jake sacan a un grupo de business men. Y estos témpanos son, también, coágulos o vacuolas de no-comunicación (el yo-alien con sus misterios, con su propia brutalidad). Los movimientos por túneles que desaparecen, arañas que nombran en el “corazón” el miedo juvenil (cf. El atravesado), desestabilizan la tierra, y la tierra conducida a su intensidad chthónica es la verdad del Chthuluceno (cf. Donna Haraway que dice: “no toda acción es humana”, y luego dice: “Espantosos poderes surgen, inscritos en las rocas y la química de los mares”, y luego también dice:
El Chthuluceno estaba, está, y aún puede estar lleno de lo que Anna llama “resurgimiento del Holocen”, o “biologías salvajes”, es decir, la continuidad de una Tierra agreste, cultivada y sin cultivar, peligrosa pero abundante para criaturas en evolución constante, incluyendo seres humanos. Mezclado y peligroso, el Chthuluceno es la temporalidad de nuestro mundo, nuestro hogar, Terra. El Chthuluceno nunca es uno; siempre es sim-chthónico, no auto-chthónico; simpoiético, no autopoiético. Todas aquellas que nos preocupamos por la regeneración, las conexiones parciales y el resurgimiento debemos aprender a vivir y morir bien en los enredos de lo tentacular, sin estar siempre buscando cortar o unir lo que nos molesta. Los tentáculos son antenas, están decorados con aguijones y saborean el mundo. Los seres humanos son parte del holobioma de lo tentacular, y los tiempos de extracción y consumo del Antropos son como plantaciones de monocultivo y esteras de limo en donde antes florecían bosques, granjas y arrecifes de coral aliadas de maneras muy diversas con materialidades y temporalidades fúngicas
para luego decir: “Compost, no posthumanos…”).
Lo interesante sobre el inhumanismo es que propiamente significa una apertura. Los procesos de aparición de vida se limpian de la baba humanista, antropomorfa. Antepone un pasado, unas memorias y por tanto una historia más amplia a la humanidad. Sigamos con Adventure Time. Sabemos que la entidad cósmica llamada GOLB antecede al tiempo, habitó con los monstruos primordiales (Lich, Orgalord, presumiblemente Hunson Abadeer, etc.), y reconocemos los rasgos antropomorfos en él anteponiéndonos a su presencia. Pero la serie quiere anteponer la forma de estos seres: somos más GOLPmorfos, que al contrario.
