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Eva Navarro Martínez en su artículo “Ante la imagen de los demás: pornografía de la muerte y producción cultural en el contexto digital” (Revista Teknokultura, Vol. 10, Núm. 3):

Mostrar y compartir en Internet imágenes del horror significa, por un lado, un ataque a la intimidad de aquellos representados (sea cual sea el objetivo de estas fotografías, incluido el periodístico), y supone la deshumanización de los “sujetos” y su sufrimiento; por otro, supone la extensión y garantía del simulacro, del intercambio y admiración de iconos, que pueden convertirse o no en mitos, pero cuya vida es cada vez más efímera, al surgir de “objetos previamente vaciados” de contenido y reelaborados para ser consumidos como un producto (cultural o no) más. No obstante, creo que esta práctica de mostrarlo y verlo todo, aunque haya sido acentuada por los medios de comunicación y la cultura de masas, encaja perfectamente en la tradición occidental del culto a la imagen, de representarnos el mundo (material y espiritual) a través de las imágenes que creamos de él. Y en esta tradición ya están presentes esos dos aspectos que se consideran más propios de nuestra época como la pasión por lo real y la pornografía de la violencia, ¿qué es, sino una muestra de esto, toda la iconografía cristiana? (p. 611)