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LA CIUDAD FUE ARRASADA. El presente llegó de manera imprevista, irregular. No sabíamos que despertaríamos invadidos, siendo barridos.

Lo único que queda de la ciudad colonial es una iglesia y una casona al lado de la iglesia. Todo se volvió un complejo de oficinas y salones donde motores kinestésicos alimentan varios kilómetros a la redonda. Algunos parqueaderos fueron remodelados. POPAYÁN FUE REEMPLAZADA POR UNA ESPECIE DE CENTRO EMPRESARIAL. Algunos drones de fuerzas fósiles escaneaban el terreno, haciendo levantamientos topográficos y grabando el aire ya un poco opaco que rodeaba las tejas de barro y algunos árboles. La guerra duró dos semanas. Se levantaron muros. Todos teníamos demasiado miedo. La casona colonial que quedó sobrevivió porque tiene una bodega de alta seguridad. Era el Museo de Arte Religioso. Ahora es la oficina estatal principal de los territorios del Macizo.