algunas casas están demasiado mohosas como para ser cierto, parece mentira
parecen, de verdad, pequeños golems de piedra o cadáveres de gólems de piedra
envueltos en materia verde vibrante
casi cristalina de la humedad
en el mp3 sonaba una canción que nunca supe cómo se llama, pero que yo titulé “hojas húmedas”
sonaba o la puse a sonar, no recuerdo
extrañé la cámara de nuevo
me ardían un poco las manos
las guitarras bailaban como goticas de agua bajo el sol
hacían una melodía juntas, contrapuntiándose, mientras la batería reclamaba un camino melódico a su vez
una batería demasiado viva, lejos del tum pá tum pá clásico del rock, de la balada
limpias guitarras y viva batería
suenan unas manos aplaudiendo y me siento demasiado alegre
un sintetizador hace una variación del motivo inicial expuesto por las guitarras
no hay voces
no cantan
el bajo bajo el agua, aparece y vuelve a hundirse
guitarras distorsionadas
estoy sentada al borde de la casa-cadáver de golem
estoy segura que en cualquier momento las piedras, los muros, todo se parará
será algo como una tortuga enrazada con golem enrazada con un armadillo enrazada con un dios andino cargándome en su espalda, caminando al filo de estos peñascos
viendo cómo nacen dragones al lado de los cóndores y cantan flores y el olor de las cascadas extrañará el olor del metal de las motos
en algunas cascadas hay una moto oxidada reposando en un baño largo muy largo
dejé harto
en tan poca carne
en tan poco aire
en algunas paredes
regué las fotos
sólo llevo conmigo una de Martín y una de Ana
me parece que a lo lejos suena un teléfono
un tigrillo se acaricia a los helechos
una nube se vuelve un bloque pálido de luz
