Mientras leía, Martín escuchaba un incesante rasgueo de guitarras eléctricas que, de a pocos, componía la frase “sí que hablas, sí que hablas, sí que hablas”. Se contuvo muy bien, terminó la lectura, se despidió de todos antes de que se abriera el conversatorio y se fue a su casa. Todos quedaron sorprendidos por la despedida sorpresa de Martín, el “protagonista de esa noche”. Juja, un chico que intentó acercarse a Martín, no pudo, ante la repentina actitud esquiva, mencionarle nada sobre un nuevo presumible texto de Pantoja.
